El cierre de abril dejó una señal poco amable para quienes esperaban un respiro claro en el dólar. El Banco de la República decidió no mover la tasa, el frente fiscal volvió a encender alertas en el Congreso y la justicia empezó a ponerle límites a recaudos de emergencia. Traducido al mercado cambiario: Colombia sigue sin producir la mezcla de disciplina y confianza que suele fortalecer de verdad al peso.
Entre el 28 y el 30 de abril coincidieron decisiones y reportes que apuntan en una misma dirección: la política monetaria no tiene espacio para aflojar rápido y la política fiscal tampoco transmite control. Ese doble mensaje suele sostener la demanda de dólares, incluso cuando no hay una crisis abierta.
La combinación de estas señales deja una conclusión simple: Colombia sigue atrapada entre una política monetaria obligada a sostener dureza y una política fiscal que no logra convencer. Ese es un terreno incómodo para el peso, porque reduce la probabilidad de una apreciación sostenida y mantiene vivo el argumento de cobertura en dólares.
Que BanRep mantenga la tasa puede leerse como una defensa responsable de la estabilidad. El problema es que esa responsabilidad se vuelve más costosa cuando al otro lado aparecen metas fiscales poco creíbles y recaudos extraordinarios que empiezan a chocar con los tribunales. Así, el país no transmite fortaleza integral, sino administración de tensiones.
La tesis para el dólar/COP es directa: mientras el banco central siga sin margen para recortar, el CARF siga elevando advertencias y el Gobierno dependa de medidas tributarias transitorias y litigables, el peso continuará sin un catalizador limpio para fortalecerse. No hace falta una corrida. Basta con que la confianza siga llegando tarde.