El peso colombiano llega al cierre de abril con una señal incómoda: cuando el Gobierno intenta mover recursos de forma acelerada, pero la justicia lo frena por riesgo legal y financiero, el mercado no lee audacia. Lee urgencia. Y en un país con ruido electoral, esa urgencia se convierte rápido en demanda defensiva de dólares.
En las últimas 72 horas coincidieron una decisión judicial sobre pensiones, un salto reciente del dólar y la expectativa por la reunión de tasa del Banco de la República. No es una tormenta perfecta, pero sí una combinación suficiente para que el mercado vuelva a exigir prima de cautela.
El episodio de Colpensiones deja una lección incómoda para el discurso oficial. Mover recursos gigantescos con la promesa de que todo se resolverá después no es una muestra de gestión firme, sino de apuro. Y el apuro, en política económica, casi siempre termina encareciendo la confianza.
El Gobierno todavía puede defender que su objetivo era alinear activos y pasivos del sistema pensional. Pero si la arquitectura legal de esa decisión se desarma en cuestión de días, el mensaje al mercado cambia por completo. Ya no se habla de sostenibilidad, sino de incertidumbre sobre las reglas, el timing y la ejecución.
La tesis para el dólar/COP es clara: mientras persistan el ruido institucional, la cobertura electoral y la expectativa de una junta de BanRep con poco margen para suavizar el tono, el peso seguirá expuesto a episodios de debilidad y a una demanda de dólares más defensiva. No hace falta una corrida. Basta con que se siga desgastando la credibilidad.