El mercado colombiano recibió en menos de 72 horas una combinación que rara vez sale gratis para la tasa de cambio: el Gobierno apareció comprando dólares en el mercado spot, el comité fiscal independiente advirtió que podría dejar de vigilar las cuentas públicas por falta de presupuesto y BanRep reiteró que sigue atrapado en una postura restrictiva porque la inflación y las expectativas no ceden lo suficiente. No es una crisis abierta. Es una acumulación de señales que vuelve más difícil defender al peso.
La secuencia de esta semana importa más que cualquier dato aislado. Cuando coinciden demanda oficial de divisas, menor vigilancia institucional sobre el frente fiscal y un banco central obligado a sostener tasas altas, el dólar gana argumentos y el peso pierde margen de maniobra.
El punto central es este: Colombia no necesita una corrida para que el dólar encuentre soporte. Basta con una secuencia de decisiones que erosione, poco a poco, la convicción de que las cuentas públicas están bajo control y de que la política económica responde a una hoja de ruta consistente.
La compra oficial de dólares elevó la presión visible. El recorte al comité fiscal golpeó la confianza menos visible, pero más profunda. Y las minutas de BanRep terminaron de completar la escena: el banco central no está actuando con comodidad, sino con cautela defensiva porque la inflación y las expectativas todavía no permiten bajar la guardia.
Para la tasa de cambio, la tesis es directa. Mientras el Gobierno siga enviando señales mezcladas entre austeridad declarada, institucionalidad fiscal debilitada y operaciones que aumentan la demanda de divisas, el peso tendrá más dificultad para sostener una apreciación estable. El dólar no necesita épica cuando la credibilidad ya viene desgastada.