10 may 2026

Compras oficiales, vigilancia fiscal y peso en alerta

El mercado colombiano recibió en menos de 72 horas una combinación que rara vez sale gratis para la tasa de cambio: el Gobierno apareció comprando dólares en el mercado spot, el comité fiscal independiente advirtió que podría dejar de vigilar las cuentas públicas por falta de presupuesto y BanRep reiteró que sigue atrapado en una postura restrictiva porque la inflación y las expectativas no ceden lo suficiente. No es una crisis abierta. Es una acumulación de señales que vuelve más difícil defender al peso.

Cuatro señales recientes que aprietan la defensa del peso

La secuencia de esta semana importa más que cualquier dato aislado. Cuando coinciden demanda oficial de divisas, menor vigilancia institucional sobre el frente fiscal y un banco central obligado a sostener tasas altas, el dólar gana argumentos y el peso pierde margen de maniobra.

El Gobierno agregó presión comprando dólares
Flujo cambiario
No fue una señal menor Bloomberg reportó el 7 de mayo que el Gobierno compró más de US$1.000 millones en el mercado spot el miércoles, en la antesala de un pago asociado a un swap, y que el peso llegó a caer hasta 2,5% en la jornada. En un mercado sensible, esa clase de flujo no se lee como rutina administrativa: se lee como presión inmediata sobre la demanda de dólares.
El momento también importa Comprar divisas puede ser defendible desde la caja del Estado, pero hacerlo cuando la moneda local ya está expuesta a dudas fiscales y monetarias agrava la percepción de fragilidad. El problema no es solo la operación; es el contexto en el que aterriza.
La vigilancia fiscal quedó bajo presión
Confianza institucional
Menos control, más prima de riesgo Reuters informó el 6 de mayo que el comité fiscal independiente de Colombia suspendería el monitoreo de las finanzas públicas y dejaría de emitir conceptos obligatorios desde noviembre, luego de un recorte presupuestal. La propia nota advirtió que eso puede afectar la confianza de los inversionistas en la deuda pública y la lectura de las agencias calificadoras.
La señal es peor de lo que parece En un país que ya discute deuda, caja y disciplina del gasto, debilitar al guardián técnico no transmite ahorro serio. Transmite incomodidad frente al escrutinio. Y cuando el mercado percibe menos vigilancia, exige más rendimiento para quedarse.
BanRep sigue sin espacio para aflojar
Tasas y expectativas
La inflación todavía incomoda En las minutas publicadas el 6 de mayo, el Banco de la República recordó que la inflación total de marzo fue 5,6%, la básica sin alimentos ni regulados 5,8% y que las expectativas para cierre de 2026 volvieron a subir. Por eso mantuvo la tasa en 11,25% y dejó claro que la política monetaria sigue siendo altamente restrictiva.
Una tasa alta no es fortaleza gratis Que BanRep tenga que sostener ese tono ayuda a contener al dólar en el margen, pero también confirma que la economía no está para experimentos políticos. Si la inflación no cede como se esperaba, cualquier presión por abaratar crédito más rápido solo empeora la discusión sobre credibilidad.
La austeridad oficial llega tarde al relato
Señal fiscal
Hacienda reconoce la presión El Ministerio de Hacienda mantiene abierto hasta el 12 de mayo el proyecto de decreto del Plan de Austeridad del Gasto 2026. Que el Gobierno ponga ese documento sobre la mesa confirma que el ajuste ya no puede seguir tratándose como una discusión abstracta.
Pero un borrador no recompone por sí solo la confianza El mercado distingue entre admitir el problema y resolverlo. Mientras el ajuste siga en fase de proyecto y, al mismo tiempo, se debiliten contrapesos técnicos o aparezcan compras oficiales de dólares que sacuden la plaza, el peso seguirá operando con descuento reputacional.

El punto central es este: Colombia no necesita una corrida para que el dólar encuentre soporte. Basta con una secuencia de decisiones que erosione, poco a poco, la convicción de que las cuentas públicas están bajo control y de que la política económica responde a una hoja de ruta consistente.

La compra oficial de dólares elevó la presión visible. El recorte al comité fiscal golpeó la confianza menos visible, pero más profunda. Y las minutas de BanRep terminaron de completar la escena: el banco central no está actuando con comodidad, sino con cautela defensiva porque la inflación y las expectativas todavía no permiten bajar la guardia.

Para la tasa de cambio, la tesis es directa. Mientras el Gobierno siga enviando señales mezcladas entre austeridad declarada, institucionalidad fiscal debilitada y operaciones que aumentan la demanda de divisas, el peso tendrá más dificultad para sostener una apreciación estable. El dólar no necesita épica cuando la credibilidad ya viene desgastada.