24 abr 2026

Salario mínimo, tasas y presión latente sobre el peso

El dólar sigue cerca de niveles bajos frente al peso, pero la calma cambiaria tiene una grieta evidente: el Gobierno insiste en convertir la política monetaria en una pelea política. La amenaza de volver a subir el salario mínimo si el Banco de la República mantiene una postura dura no es una señal menor. Es una invitación a más inflación, más ruido institucional y más dudas sobre cuánto tiempo puede sostenerse la fortaleza reciente del peso.

El riesgo ya no está solo en la tasa: está en la reacción política

En los últimos días, la tensión entre la Casa de Nariño y el Emisor volvió al centro del mercado. El Banco de la República llega a su reunión del 30 de abril con una tasa de intervención de 11,25%, una inflación anual de 5,56% en marzo según el DANE y una presión política cada vez más abierta desde el Ejecutivo.

Subir salarios por decreto no baja la inflación
Costo interno
Una medida con efecto de segunda ronda Si el salario mínimo vuelve a usarse como respuesta política contra las tasas, el mensaje para precios es incómodo: más costos laborales, más indexación y menos margen para que la inflación converja hacia la meta.
El mercado mira la consistencia La discusión no es si los hogares necesitan más ingreso. Claro que lo necesitan. La pregunta es si una subida adicional, sin productividad que la respalde, termina trasladándose a precios y debilitando la confianza en el peso.
La independencia del Emisor se vuelve prima de riesgo
Señal institucional
La pelea tiene precio El choque público con el Banco de la República puede servir para culpar a otro actor por el bajo crecimiento, pero para los inversionistas abre una pregunta más seria: si la inflación sigue alta, ¿se respetará el diagnóstico técnico?
La credibilidad no se improvisa Cuando el banco central defiende estabilidad de precios y el Gobierno responde con presión política, el costo no aparece siempre en la TRM del mismo día. Aparece en expectativas, deuda pública y apetito por activos colombianos.
El dólar bajo no elimina el riesgo cambiario
Tasa de cambio
La TRM sigue bajo $3.600 La TRM del 22 de abril fue reportada en $3.576,05 por dólar, una señal de peso fuerte frente a meses anteriores. Pero ese nivel también aumenta la sensibilidad: cualquier deterioro de expectativas puede producir ajustes rápidos.
Fortaleza prestada Parte del soporte del peso viene de tasas altas y de un entorno externo que todavía favorece ciertas monedas emergentes. Si el Gobierno erosiona esa ancla con ruido salarial y presión al Emisor, el dólar recupera argumentos.
La reunión de abril será una prueba de confianza
Expectativas BanRep
El 30 de abril pesa más de lo normal El calendario del Banco de la República marca decisión de tasa para el 30 de abril y periodo de silencio entre el 24 y el 30. Con la inflación por encima de la meta, el mercado leerá tanto la decisión como el tono institucional.
El riesgo es una mala lectura política Si el Ejecutivo trata una decisión técnica como una provocación ideológica, el país manda una señal peligrosa: que la estabilidad monetaria puede quedar subordinada al cálculo político de corto plazo.

La tesis de fondo es sencilla: Colombia no puede pedir un peso estable mientras ataca las instituciones que sostienen esa estabilidad. El Banco de la República no sube tasas por gusto ni por capricho. Lo hace porque la inflación anual sigue lejos del 3% y porque los aumentos de precios no se corrigen con discursos, sino con señales creíbles.

El Gobierno tiene derecho a preocuparse por el empleo y el crecimiento. Pero una cosa es debatir la velocidad del ajuste monetario y otra muy distinta es amenazar con una nueva ronda salarial como respuesta a la autoridad monetaria. Esa lógica puede sonar popular en una alocución, pero en el mercado se lee como presión inflacionaria adicional.

Para quienes compran o venden dólares en Colombia, el punto práctico es claro: el dólar barato no debe confundirse con riesgo bajo. Si la política económica transmite que cada decisión técnica será respondida con una medida de choque, el peso queda expuesto a un cambio de humor. Y cuando el humor cambia, la demanda por dólares suele aparecer antes de que el Gobierno admita el problema.