El mercado colombiano cerró la semana con una imagen engañosa. Por un lado, la cancelación del TRS en francos suizos le dio al Gobierno una victoria técnica que ayudó a contener el ruido inmediato sobre la deuda. Por el otro, la discusión de fondo siguió intacta: riesgo político, fragilidad fiscal y una confianza demasiado frágil como para pensar que el peso ya quedó a salvo.
Entre el 28 y el 30 de mayo aparecieron datos y lecturas de mercado que conviene mirar juntos, no por separado. La combinación es clara: hubo un alivio puntual en manejo de deuda, pero no un cambio suficiente en la percepción de riesgo que pesa sobre el dólar y sobre los activos colombianos.
Lo que ocurrió en estas horas no es una contradicción, sino una secuencia lógica. El Gobierno consiguió una señal técnica útil en el frente de deuda y eso ayudó a moderar la ansiedad de corto plazo. Pero al mismo tiempo, el mercado volvió a recordar que la discusión principal no es una sola operación financiera, sino la capacidad de Colombia para recuperar credibilidad fiscal y estabilidad institucional.
En esa lectura, el peso queda en una posición incómoda. No está frente a una crisis abierta, pero tampoco frente a un entorno que invite a bajar la guardia. Si el ajuste de fondo sigue pareciendo parcial, si la política introduce más volatilidad de la necesaria y si el mercado concluye que el riesgo está subvalorado, el dólar vuelve a ganar atractivo casi por inercia.
La tesis para los próximos días es simple: el alivio técnico puede comprar tiempo, pero no compra confianza duradera. Y sin confianza duradera, cualquier aparente fortaleza del peso puede evaporarse mucho más rápido de lo que tarda en celebrarse una buena noticia operativa.