El Ministerio de Hacienda acaba de presentar un Marco Fiscal que admite más déficit, más presión de deuda y una inflación menos dócil. Aun así, el mismo documento apuesta por un dólar más barato para 2026. El mercado puede celebrar por unos días la fortaleza reciente del peso, pero esa historia se vuelve mucho más frágil cuando se compara con las propias cifras oficiales.
Entre el 12 y el 14 de junio llegaron señales difíciles de mezclar sin contradicciones: una proyección oficial de dólar más bajo, un reconocimiento explícito del problema fiscal, expectativas de inflación más altas y un peso fortalecido por flujos que podrían ser menos permanentes de lo que aparentan.
La contradicción central es bastante simple. El Gobierno quiere vender una historia de normalización: crecimiento de 2,6%, cuenta corriente más manejable, inflación convergiendo y un dólar que terminaría 2026 más abajo de lo que se pensaba hace apenas unos meses. Pero el mismo paquete trae menos comodidad fiscal, un ajuste aplazado, deuda más alta y un reconocimiento explícito de que los precios no están cediendo con la velocidad esperada.
Eso importa porque el tipo de cambio colombiano rara vez se mueve por una sola variable. Puede bajar en el corto plazo por elecciones, petróleo o debilidad del billete verde global. Sin embargo, para sostener una tasa de cambio más benigna durante varios trimestres hace falta algo más serio: una percepción de disciplina fiscal, una trayectoria creíble de inflación y un banco central que no tenga que elegir entre cuidar reputación o compensar errores ajenos.
La tesis para el peso hoy no es que la caída reciente del dólar sea falsa. Es que luce demasiado dependiente de un humor de mercado que no encaja del todo con las nuevas cuentas oficiales. Si esa tensión se vuelve más evidente en las próximas semanas, el COP podría descubrir que el problema no era haber bajado demasiado rápido, sino haberlo hecho sin un respaldo fiscal convincente.