El mercado le regaló a Colombia un respiro poco común: el dólar cerró el 3 de julio en $3.335,46, BanRep dejó la tasa en un piso muy rentable del 12 % y el nuevo discurso fiscal sonó bastante más austero que el libreto reciente. El problema es que una moneda puede fortalecerse por unos días sin que el país haya resuelto el fondo: la confianza sigue dependiendo de que las promesas se conviertan en disciplina real.
Entre el 2 y el 5 de julio aparecieron señales que explican el entusiasmo reciente del mercado cambiario colombiano. Pero conviene separar lo táctico de lo estructural: una cosa es una mejora en precio, y otra muy distinta una recuperación de credibilidad.
Conviene no leer la caída reciente del dólar como una absolución macroeconómica. Lo que el mercado compró esta semana fue un paquete táctico muy específico: BanRep endureció, el dólar global aflojó y desde Hacienda empezó a sonar un mensaje más cercano a la prudencia que al voluntarismo. Eso alcanza para mover precios. No alcanza todavía para reconstruir reputación.
De hecho, la fortaleza reciente del peso deja una advertencia incómoda. Si la moneda necesita una tasa del 12 % para verse sólida, el respaldo sigue dependiendo de una medicina monetaria agresiva y de un voto de confianza preventivo hacia una corrección fiscal que aún no ha sido ejecutada. El mercado no premió una reforma hecha; premió la esperanza de que por fin alguien acepte hacerla.
La tesis para el tipo de cambio, por ahora, es esta: Colombia ganó tiempo, no blindaje. Si el giro hacia la disciplina se confirma, el peso puede sostener una franja más fuerte por más semanas. Si vuelve la improvisación o la política fiscal sigue prometiendo más de lo que puede pagar, el dólar encontrará espacio para recuperar terreno con bastante rapidez.