El dólar acaba de perforar la zona de $3.550 y el peso colombiano llega con aire a mitad de junio. Pero el alivio no aterriza en un terreno despejado. Entre la inflación que sigue por encima de la meta, el reporte de estabilidad financiera de BanRep y la presentación del Marco Fiscal de Mediano Plazo, el mercado tiene una pregunta inmediata: si la disciplina fiscal no convence, este descanso cambiario puede durar muy poco.
Entre el 9 y el 10 de junio se juntaron señales que el mercado no puede leer por separado: un dólar más barato, sí, pero también inflación alta, condiciones financieras más restrictivas y una prueba fiscal inminente para el Gobierno.
La tentación política será vender la caída del dólar como prueba de que las alarmas eran exageradas. Sería un error de lectura. El mercado acaba de regalar una ventana de alivio, no un certificado de inmunidad. Cuando BanRep habla de riesgos fiscales crecientes y de condiciones más restrictivas, está recordando que una moneda no se sostiene con entusiasmo pasajero.
Por eso el MFMP importa tanto. Porque llega justo cuando el precio del dólar permite a muchos bajar la guardia. Si el Gobierno usa ese margen para presentar cuentas creíbles, el peso puede sostener la mejora con menos sobresaltos. Si lo usa para estirar supuestos o esconder la fragilidad detrás de un tono triunfalista, la corrección puede ser rápida.
La tesis cambiaria para Colombia hoy es simple: el peso está aprovechando un momento favorable, pero todavía depende de que la política fiscal no arruine lo que el mercado le concedió. La fortaleza reciente vale, sí. Solo que ahora le toca sobrevivir a la prueba más incómoda.