El dólar terminó la semana por debajo de $3.100 y el peso volvió a sobresalir en América Latina. Es una noticia favorable para importadores y compradores de divisas, pero no una certificación de buena salud fiscal: la inflación sigue lejos de la meta, BanRep mantiene una tasa de 12% y el CARF reclama un ajuste que devuelva credibilidad a las cuentas públicas.
Las cifras conocidas entre el 10 y el 11 de septiembre muestran dos fuerzas distintas: un entorno cambiario que favorece al peso y desequilibrios internos que todavía exigen una prima alta.
Para quienes deben comprar dólares, el nivel actual mejora el poder de compra y reduce el costo inmediato de viajes, importaciones o pagos internacionales. Para exportadores y hogares que reciben remesas, hace lo contrario. Esa redistribución es real, pero no debe confundirse con una solución de fondo.
La paradoja es clara: parte de la fortaleza del peso depende precisamente de una tasa de interés que revela cuán lejos sigue Colombia de normalizar la inflación. El mismo ancla que sostiene la moneda restringe crédito y aumenta el costo de financiar al Estado.
La tesis cambiaria, entonces, es condicional. El peso puede conservar apoyo mientras el dólar global permanezca débil y BanRep mantenga disciplina; pero la siguiente etapa requiere algo más difícil: que el Gobierno presente un ajuste fiscal creíble. Sin ese puente, los $3.100 son una oportunidad de mercado, no una absolución.
Fuentes: Banco de la República (indicadores al 11 de septiembre de 2026), Valora Analitik (cierre cambiario del 11 de septiembre) y La República (advertencia fiscal del CARF, 11 de septiembre).