03 jun 2026

Rebote electoral con fecha de examen

El peso colombiano tuvo el respiro que no encontraba desde hace meses: la primera vuelta presidencial disparó una ola de compras sobre activos locales y tumbó al dólar por debajo de 3.600. Pero ese alivio nació de una lectura política, no de una reparación macroeconómica. Y cuando el entusiasmo depende de una segunda vuelta, el mercado sigue cobrando prima por la duda.

Cuatro señales detrás del festejo y de sus límites

Entre el 31 de mayo y el 2 de junio el mercado colombiano mostró una reacción contundente: celebró la sorpresa electoral, redujo riesgo en pesos y premió la expectativa de un giro más amigable con la inversión. El problema es que una jornada de euforia no corrige por sí sola el frente fiscal ni borra la volatilidad de las tres semanas que faltan para el balotaje.

El shock político sí movió el precio
Reacción inmediata
Reuters midió un salto poco común El 1 de junio Reuters reportó que el peso se apreciaba 3,75% hasta 3.551 por dólar en los primeros minutos de la sesión, después de que Abelardo De la Espriella sacara 43,7% de los votos frente al 40,9% de Iván Cepeda y forzara una segunda vuelta el 21 de junio.
La lectura del mercado fue explícita La reacción no respondió a un dato nuevo de productividad ni a una mejora fiscal ya ejecutada. Respondió a la idea de que un eventual cambio político podría favorecer hidrocarburos, recorte del Estado y una disciplina más creíble sobre las cuentas públicas.
No subió solo el peso
Prima de riesgo
También mejoraron acciones, TES y CDS EL PAÍS detalló el 2 de junio que el Colcap cerró con una subida de 3,6%, que el dólar cayó 3,6% y que el CDS a cinco años bajó 35 puntos básicos intradía. Los TES a cinco años también vieron caer su rentabilidad, una señal clara de mayor apetito por deuda colombiana.
Eso importa más que un solo cierre Cuando baja la prima de riesgo al mismo tiempo que mejora el peso, el mensaje es más profundo: el mercado quiso descontar menos probabilidad de deterioro fiscal y menos hostilidad hacia el capital privado. Ese es un voto táctico de confianza, no una absolución.
El mundo seguía empujando al otro lado
Entorno externo
Colombia subió a contramano Otro despacho de Reuters, publicado por MarketScreener el 1 de junio, recordó que la mayoría de monedas latinoamericanas caían ese mismo día por el temor al frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, con petróleo subiendo cerca de 5% y un dólar global más firme.
Eso vuelve el rebote más frágil Si el peso mejoró pese a un entorno global adverso, el impulso fue claramente doméstico. Pero esa misma característica lo hace vulnerable: cualquier ruido electoral o institucional puede devolver al mercado a la lógica anterior, justo cuando el contexto externo sigue siendo incómodo para emergentes.
La macro todavía no firmó la paz
Fondo económico
El próximo presidente recibe una cuenta pesada Reuters ya advertía el 29 de mayo que quien gane tendrá que estabilizar las finanzas públicas, reducir pobreza y recuperar crecimiento. Esa tarea no desaparece porque una rueda cambiaria haya sonreído un lunes.
BanRep todavía mira inflación y déficit El Informe de Política Monetaria de abril del Banco de la República sostuvo que la inflación anual llegó a 5,6%, la básica a 5,8% y que el banco proyecta 6,4% para diciembre, con riesgos ligados a la situación fiscal y al tipo de cambio. Traducido al mercado: todavía hay argumentos para tasas altas y para cautela con el peso.

Lo ocurrido tras la primera vuelta no debe minimizarse. El mercado fue directo: premió la posibilidad de un giro menos hostil al capital, más cercano al ajuste fiscal y más dispuesto a defender sectores que hoy siguen siendo clave para la entrada de divisas. Esa lectura, por incómoda que resulte para la izquierda oficialista, es perfectamente visible en precios.

Pero sería un error confundir alivio con solución. Tres semanas de campaña pueden reabrir la volatilidad, sobre todo si reaparece el ruido institucional o si alguna candidatura vende gasto sin ancla creíble. El propio repunte del lunes dejó claro que el peso no estaba esperando un milagro productivo: estaba esperando una señal política menos amenazante para la inversión y la disciplina fiscal.

La tesis cambiaria, por ahora, es esta: el dólar puede seguir cediendo si el mercado percibe que el riesgo político se reduce y que el próximo gobierno no va a seguir estirando el gasto como si la confianza fuera infinita. Pero si ese alivio electoral no se convierte en un compromiso serio con las cuentas públicas y con la autonomía técnica de BanRep, la demanda por cobertura en dólares volverá más rápido de lo que duró la euforia.